“¿Cuánto espacio ocupa un recuerdo que creíamos
perdido?”
Prólogo
A veces la vida guarda silencios más profundos que el
olvido. Y basta una pequeña señal para descubrir que algo de nosotros seguía
allí, esperando.
Hace unos días, sin buscarlo, sin pensarlo siquiera, una
vieja canción salió de mi boca. No una canción completa. Apenas unos
fragmentos. Unas pocas palabras que llegaron flotando desde un lugar
desconocido:
"El patio de mi casa es particular..."
Y después, el silencio.
Porque no recuerdo el resto.
O eso creía.
La melodía apareció sola, como una pequeña hoja arrastrada
por una corriente de aire que venía de la nada. Y entonces me quedé pensando.
¿Dónde estaba guardada?
¿Cuántos años llevaba dormida?
¿En qué rincón de mí había permanecido escondida todo este
tiempo?
Vivimos rodeados de máquinas que almacenan datos. Hablamos
de servidores gigantescos, de nubes digitales, de plataformas capaces de
guardar millones y millones de imágenes, sonidos y palabras.
Pero hay algo que me asombra más: ¡mi propia cabeza!
Esta pequeña esfera que puedo imaginar entre mis manos si
dibujo su forma en el aire.
Tan pequeña por fuera… ¡tan inmensa por dentro!
Porque en algún lugar de esa materia prodigiosa sigue
palpitando nuestro corazón en tiempo pasado. Esos latidos no desaparecieron. Se
quedaron. Esperando. Y basta una chispa diminuta para que regresen: un objeto,
un sonido, un aroma, un roce… ¡un instante!
Entonces se abre una puerta secreta y aparece algo que
creíamos perdido para siempre. A veces pienso que no conocemos realmente la
profundidad de lo que somos. Que caminamos por la superficie de nosotros mismos
como quien recorre la orilla del mar, ignorando la inmensidad que existe bajo
el agua.
Quizá por eso me conmueve tanto.
Porque no se trata solamente de la memoria. Se trata del
misterio.
Del prodigio de la creación.
De esta arquitectura imposible de imaginar que guarda la
huella de cada instante de nuestra existencia sin que sepamos del todo cómo.
De esta creación extraordinaria capaz de conservar la marca
de una canción durante toda una vida y devolverla cuando menos la esperamos.
Entonces comprendo que, por mucho que avance la tecnología,
sigo sintiendo el mismo asombro. Porque ningún servidor me parece tan
fascinante como este universo secreto que habita detrás de mis ojos.
Y cuanto más lo pienso, más me convenzo de que dentro de
cada ser humano existe un infinito que todavía no conocemos, que apenas
comenzamos a comprender y que siempre conservará algo de misterio, por más que
la ciencia intente explicarlo.
Tal vez la verdadera maravilla no sea recordar, sino
descubrir que nada de lo que nos ha tocado el alma se pierde: la vida guardada
instante a instante en esa dimensión desconocida donde nos hallamos completos,
sin la fragmentación de los tiempos.
Epílogo
Quizá la memoria no sea un lugar donde guardamos el
pasado, sino el lugar donde el pasado sigue encontrándonos.
“Quizá nunca perdemos aquello que fuimos”
Publicación en la plataforma de TikTok. Cuenta @escritosenblancoynegro : @tintasobrepapel
No hay comentarios:
Publicar un comentario