domingo, 4 de julio de 2010

"MALAS COMPAÑÍAS": Poema reflexivo sobre el esfuerzo, la fe, la caída, las malas compañías y las decisiones personales.





“A veces caer es la única forma de soltarlos.”


Prólogo
A veces creemos que avanzar siempre es subir. Que compartir el camino garantiza la llegada. Este texto nace del cansancio, de la fe puesta a prueba y del momento exacto en que el cuerpo cae, pero la conciencia despierta. “Malas compañías” no habla solo de otros, sino de las decisiones que tomamos cuando confundimos compañía con dirección.


La vida es áspera,
una cuesta de piedra viva,
pero paga —dicen—
con monedas de luz al final.

La cima se alza, altiva y distante,
y yo voy tras ella
con la fe prendida al pecho
como una lámpara temblorosa.

Camino.
Paso tras paso.
El suelo muerde las plantas de mis pies,
el aire se espesa,
y aun así… sigo.

El sudor me corre como un río salado,
el cansancio se me cuelga de los hombros,
pero no me concedo tregua:
sigo avanzando,
aunque el cuerpo proteste
y el alma jadee.

Alzo la mirada.
Allá arriba,
la cima me guiña un destello,
tan cerca a los ojos
y tan lejos de las manos.
Por más que avanzo,
ella se me escapa,
como un sueño que retrocede.

Me falta el aire.
El pecho se me vuelve jaula.
Me canso.
Me rindo un instante.
Me detengo…
solo para respirar.

Y entonces—
plum…
cataplum…
plum, plum—
la gravedad me reclama.

Caigo.
Con estruendo,
hasta el fondo oscuro del valle,
donde el resonar se burla
y la esperanza se golpea en pedazos.

Quise subir con ellos,
pero olvidé a tiempo
que hay quienes no conocen la altura:
su único oficio,
su destino aprendido,
es arrastrar hacia abajo
a todo el que sueña con subir.

Allí entendí,
con el cuerpo magullado y el alma despierta,
que no toda compañía es camino
ni todo paso compartido
conduce a la meta.

Hay manos que no sostienen:
empujan.


Epílogo
La caída no fue el final del camino, sino la corrección del rumbo. Hay descensos que duelen porque arrancan raíces mal plantadas. Y solo cuando el silencio reemplaza al ruido ajeno, la cima vuelve a mostrarse como lo que siempre fue: un destino personal e intransferible.


“El camino se aclara cuando dejamos de caminar con quien no quiere llegar.”




La vida es dura... aunque bien paga.

Alta está la cima, voy tras ella... como buena cristiana.
Camino, camino, con mucho esfuerzo... pero sigo.
Estoy sudando... me mata el cansancio;
Pero sigo caminando, sin darme descanso.
Levanto la mirada... la veo en lo alto;
Por más que camino... nada que la alcanzo!
No puedo más... me asfixio, me canso.
Me detengo... me doy un alto.
Plum... cataplum... plum plum
con estruendo al fondo fui a dar...
Intentaba subir con ellos... que lo único que saben hacer... es bajar!

2 comentarios:

  1. No te des por vencida... vuelve intentar subir a la cima y enseñadles cómo se sube aun cuando pesen, al inicio, luego verás como te empujan....

    Francisco

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  2. Eso es porque cada quien debe subir por su lado, y ademas sin tanto cansancio, de un escalón a la vez para que con firmeza pueda poner los dos pies :)

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