“A veces caer es la única forma de soltarlos.”
Prólogo
A veces creemos que avanzar siempre es subir. Que compartir el camino garantiza
la llegada. Este texto nace del cansancio, de la fe puesta a prueba y del
momento exacto en que el cuerpo cae, pero la conciencia despierta. “Malas
compañías” no habla solo de otros, sino de las decisiones que tomamos cuando
confundimos compañía con dirección.
La vida es
áspera,
una cuesta de piedra viva,
pero paga —dicen—
con monedas de luz al final.
La cima se
alza, altiva y distante,
y yo voy tras ella
con la fe prendida al pecho
como una lámpara temblorosa.
Camino.
Paso tras paso.
El suelo muerde las plantas de mis pies,
el aire se espesa,
y aun así… sigo.
El sudor me
corre como un río salado,
el cansancio se me cuelga de los hombros,
pero no me concedo tregua:
sigo avanzando,
aunque el cuerpo proteste
y el alma jadee.
Alzo la mirada.
Allá arriba,
la cima me guiña un destello,
tan cerca a los ojos
y tan lejos de las manos.
Por más que avanzo,
ella se me escapa,
como un sueño que retrocede.
Me falta el
aire.
El pecho se me vuelve jaula.
Me canso.
Me rindo un instante.
Me detengo…
solo para respirar.
Y entonces—
plum…
cataplum…
plum, plum—
la gravedad me reclama.
Caigo.
Con estruendo,
hasta el fondo oscuro del valle,
donde el resonar se burla
y la esperanza se golpea en pedazos.
Quise subir con
ellos,
pero olvidé a tiempo
que hay quienes no conocen la altura:
su único oficio,
su destino aprendido,
es arrastrar hacia abajo
a todo el que sueña con subir.
Allí entendí,
con el cuerpo magullado y el alma despierta,
que no toda compañía es camino
ni todo paso compartido
conduce a la meta.
Hay manos que
no sostienen:
empujan.
Epílogo
La caída no fue el final del camino, sino la corrección del rumbo. Hay
descensos que duelen porque arrancan raíces mal plantadas. Y solo cuando el
silencio reemplaza al ruido ajeno, la cima vuelve a mostrarse como lo que
siempre fue: un destino personal e intransferible.
“El
camino se aclara cuando dejamos de caminar con quien no quiere llegar.”
La vida es dura... aunque bien paga.
No te des por vencida... vuelve intentar subir a la cima y enseñadles cómo se sube aun cuando pesen, al inicio, luego verás como te empujan....
ResponderEliminarFrancisco
Eso es porque cada quien debe subir por su lado, y ademas sin tanto cansancio, de un escalón a la vez para que con firmeza pueda poner los dos pies :)
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