viernes, 6 de mayo de 2011

LOLA Y SUS ENREDOS: (LIII) EL FINAL





LOLA Y SUS ENREDOS: (LIII) EL FINAL

El día estaba maravilloso. Salía el sol después de haber estado toda la mañana lloviendo; una lluvia suave y fría como la seda. Era esa época del año en que coincidían las estaciones. Todo húmedo, verde y floreado, por la lluvia y el sol. Tiempos de romances y nostalgias, de siembras y cosechas. El tiempo todo lo puede y todo lo invade, dejando su infalible huella; pero, en fin, ese es el destino inexorable de la naturaleza y de la humanidad: cambiar, para bien o para mal.
- Por Dios! La misa de difuntos de esta mañana… se me hizo eterna. José debería retirarse ya, se ha puesto chocho. Alarga mucho sus sermones y, sin darse cuenta, empieza a hablar en latín. No, no, no… que va! Es insoportable estar casi dos horas de pie o sentada, no aguanto mis caderas ni mi espalda! –se quejaba Doña Ana, al referirse a la precoz senilidad de su amigo, el cura Don José.
- Abuela Ana, han pasado los años… y los años no pasan como si nada! Fíjate, tú estas también chocha; vives quejándote de todo y por todo. –le acotó Anita, muerta de la risa, mientras acomodaba una silla para que su abuela se sentara y descansase los pies. Antonio sonreía, porque ellas dos siempre se enganchaban en un tema. Todo lo que dijera su abuela, Anita lo remedaba y viceversa. Eran, como dicen por ahí, uña y sucio!
- Ninguno de ustedes se atreva a pasar con los zapatos llenos de barro, con esta lluvia el camposanto estaba hecho un pantano. Lávense las caras y manos, todos directos a la cocina, que vamos a almorzar! –le advertía Antonio a los muchachos. Temprano habían asistido a la misa de difuntos y luego pasaron por el cementerio para llevarle flores a sus muertos. Antonio se sentó en la mesa, en silencio. Siempre, en esta fecha, la melancolía era su mejor compañía. Aunque les repetía a los muchachos, una y otra vez, que recordasen con alegría a su madre… era él quien obviaba este consejo. No importaba que hiciese lo que hiciese, siempre terminaba con los ojos llenos de lágrimas. No solo la recordaba, sino que la extrañaba en demasía. Los muchachos se sentaron en la mesa con desorden y algarabía. El almuerzo sería especial ese día, pues Luis Antonio, el cuatro de ocho, diez años cumplía. Sus hermanos lo llamaban “cuatro”, porque de ocho fue el cuarto varón y el cuarto rubio. El, ante este sobrenombre, no tardaba en manifestar su enojo, recalcándoles que se llamaba Luis Antonio. Entre risas y protestas, los siete reclamaban la comida; pero esta no se servía porque no estaban presentes todos: faltaba Anita.
- No se vale, papá, es mi cumpleaños y quiero comer ya. No es justo que Anita se haga esperar! – se quejó el cumpleañero. Antonio, soltando un suspiro, ordenó a los chicos tener paciencia y guardar compostura. Se levantó y fue directo a la escalera, se paró al pie de la misma.
- Anita, Anita… te estamos esperando para almorzar, se están amotinando! –le gritó Antonio, desde lo bajo, a su consentida. Ella bajó las escaleras lentamente, con su amplia sonrisa; una de esas que ablandan el más duro corazón. Mientras bajaba, uno a uno los escalones, lo miraba con esos grandes ojos azules y llenos de amor, como los de Lola. Tenía sus brazos a la espalda, escondiendo algo en sus manos. Al llegar donde estaba él, se sentó en un escalón y lo invitó a sentarse, haciéndole señas con una de las manos. El se sentó con una risa contenida, siguiéndole el juego. Anita puso frente a él una gran caja blanca con un moño azul brillante.
- Qué es esto, cariño? –le preguntó intrigado, agarrándolo con sus manos y apoyándolo sobre sus muslos.
- Es un regalo para Luis Antonio. Ábrelo! –le dijo Anita con dulzura. Antonio lo abrió. Dentro se encontraba una especie de libro, teniendo cartulina como portada. Lo hojeó, encontrándose con muchas hojas mecanografiadas y fotografías insertas; lo había titulado: LOLA Y SUS ENREDOS. Los ojos se le llenaron de lágrimas y apretó sus mandíbulas para ahogar el llanto.
- Es lo que yo creo… la historia de tú mamá, de mi Lola? –le preguntó con la voz entrecortada, gimoteando.
- Si papá, por lo menos lo que yo recuerdo… y otras cosas que mi abuela Ana, mis tías, Matilde, las nanas, Teresa y, bueno, casi todos algo me han dicho... hasta tú, quien has sido quien más me ha contado! Te gusta? – Le preguntó por preguntar, pues era evidente que sí. Lo abrazó fuertemente y le dijo al oído:
- Saqué muchas copias, a todos les he dejado la suya sobre sus camas… en especial a ti, que fuiste su adoración. Te amo papá, no lo olvides nunca! – Guardó el obsequio dentro la caja, se levantó y se fue directo a la cocina. Antonio la miraba mientras se iba, al tiempo que su corazón se comprimía; Anita ya era toda una mujer, bien criada, igualita a su Lola y había cumplido su palabra: que haría lo que fuera para que a su madre nadie la olvidara! Sentado en la escalera se quedó con su melancolía y con su alegría; con su frustración y su satisfacción. Desde ahí escuchaba las exclamaciones de los muchachos al ver el regalo de Anita. Ella le contaba cosas, cosas que ellos preguntaban. De vez en cuando lloraban y otras veces reían. Antonio sonrió, la risa de ellos era bálsamo para su alma acongojada. Lola se fue… pero no lo dejó solo; le dejó el más grande de los tesoros!
FIN.-

Ana Margarita.-
NOTA: La foto que ilustra el presente relato fue bajada de Imágenes de Google; se desconoce autor o propietario, a ellos los méritos y derechos que puedan corresponderle.
AGRADECIMIENTO: Todos en algún grado o medida, en una forma u otra, en un momento o todo el tiempo, bien o mal, poco o mucho… tendemos a rayar hojas en blanco; porque es de la naturaleza del ser humano expresarse libremente: sean simples ideas o grandes pensamientos; emociones o sentimientos, real o ficticio… que importa lo que se exprese, lo importante es expresarse! Ustedes me han acompañado en esta gran aventura de rayar hojas, gracias por ello, por estar ahí escuchando, apoyando y estimulando; a ustedes les dedico este capítulo.

9 comentarios:

  1. Gracias en lo que me corresponde!!! Buen final propio de la Genialidad de la escritora. Gracias a Tí. Fue un gran placer compartir esta experiencia contigo y demás fans.FELICITACIONES!!!

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  2. Bueno.... final cerrado con broche de oro, me encanto la novela completa, me encantaron las situaciones inesperadas y los giros que daban las cosas. Creo que este es un material increíble y además único...nunca he leído nada igual, esta es la semilla que sembrará la primera cosecha.
    Besos y muchos éxitos

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  3. Agradecida estoy a todos aquellos que me han apoyado con la lectura de mis relatos de Lola y Sus Enredos; pero debo hacer justicia y dar un reconocimiento especial a ustedes dos: RUMIANA y NÉSTOR, porque capítulo a capítulo, desde el inicio hasta el final, me apoyaron, dándome ánimo para continuar sin desmayar en el intento. Con la mano en el corazón les digo, eso para mí tiene un valor inmenso, lo valoro y lo agradezco infinitamente. Los quiero!

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  4. Por fin estoy entre tus fans de lectores, me has dejado asombrado mi vieja vecina, con la forma como manejas las tecnicas descriptivas , pareciera que el lector se transportara y estuviera presente en cada pate de tu obra. Es como si el lector viviera en la obra.Esta novela es como las novelas del Brazil que productores de cine las han llevado a la pantalla, me parece Ana , que tu obra puede estar en ese sitial. Me gustó mucho desde el pricipio hasta el final. Te felicito cariño. Tienes con que para ser una gran escritora , y estoy muy orgulloso de tenerte como mi vieja vecina.

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  5. Gracias a tí amigo por tu gentil comentario y porque me has seguido en Hotmail fielmente. Una amistad de más de treinta años es de considerar... y gracias, sobretodo, por llamarme "vieja vecina" y no "vecina vieja"... ajajaja... eso también es muy gentil!
    Gracias por estar aquí, apoyándome, lo valoro mucho.Un gran abrazo.

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  6. Tony, corrijo... saqué las cuentas... son 39 años! Dios... nos estamos poniendo viejitos!!! jejeje

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  7. Apenas fue ayer Ana. Casi una vida

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  8. Leyendo, me quedé finalmente al igual que Antonio, sentado, yo en esta silla ahora, con algo de melancolía pero con mucha satisfacción por ver tu hermoso tesoro de escritura... hasta el día de hoy no sabía totalmente de lo que me estaba perdiendo al no leer, al menos, este momento final. Me has trasladado a esas escaleras tal cual Antonio, veo a esa Ana bajarlas y seguir si camino, escucho las risas de esos jóvenes... Me has trasladado y abducido. Besos, y aplausos de mi parte Madre mia, orgullo es una palabra escueta para describir lo que siento, alegría se queda corta para decir cómo de satisfecho y feliz me encuentro al verte en este nuevo camino, no solo para satisfacción tuya sino para alegre y melancólica alegría de tus lectores. Un beso y un abrazo!. Madrid, Sábado 06 de Junio del 2011. ... me quedaré un rato más sentado... saboreando la extraña sensación de este relato.

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  9. Gracias hijo!
    La vejez y la soledad nos regalan tiempo extra; tiempo que intentamos "llenar" con algo que nos satisfaga... y a mi me satisface "rayar hojas en blanco". Y si esto te llena de orgullo, entonces mi satisfacción es infinita y me hace sentir que no he perdido mi tiempo y que he sido compensada, en demasía, por cada letra escrita... mi amor por tí es tan grande, que solo Dios es capaz de mensurarlo! Dios te bendiga!!!!! Ah! gracias por tus palabras, tan amorosas y gentiles para con tu madre, la que te ama, la que te extraña.

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