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viernes, 12 de septiembre de 2025

"EL VUELO DEL AVE": Un ensayo poético sobre la escritura como acto de libertad absoluta, donde el alma se desnuda sin censura y encuentra su verdad en la palabra escrita.


“El alma desnuda se refleja en el papel.”


Introducción

Siempre he sentido que escribir es un acto de libertad absoluta, un espacio donde el alma puede desplegarse sin miedo ni ataduras. Cada palabra que nace en mí es como un ala que se abre al viento, un gesto de valentía y de verdad que me permite mirarme sin máscaras. Este texto es un homenaje a esa experiencia: a la escritura que me sostiene, me revela y me transforma, y que, como ave en pleno vuelo, me enseña a ser fiel a mí misma en cada trazo.


Cuando la mano agarra la pluma y se posa sobre el papel, es como ave que libremente surca los cielos, dándose el lujo de tomar descanso —planeando entre el susurro del viento—, porque hasta en el reposo sigue siendo vuelo, y hasta en la quietud late la libertad.

No hay quien la intimide, no hay quien la haga presa del miedo.

El conocimiento, los pensares y sentires fluyen suavemente, sin prisas, interrupciones ni censuras, fluyen como río secreto, fluyen como viento tibio, tal como se acaricia el cuerpo amado, ése por el que te desbordas en pasión, ése que arde, ése que enciende, ése que atrapa.

Amo la palabra escrita: es mirarse en el espejo sin maquillaje,
es mirarse y no huir, es mirarse y reconocerse,
exponiendo el alma desnuda a la luz que ilumina y a la oscuridad que desafía.

Se peca de pensamiento y verbo, mas no por acción u omisión.
Se peca, sí, de pensamiento; se peca, sí, de verbo.
No hay remordimientos ni arrepentimientos:
íntima confesión, absolución sin penitencia.

Sin par, poderosa, instintiva; despiadada a veces, clemente otras veces,
sea poesía, ciencia o ficción,
sea poesía que arde, ciencia que explica, ficción que redime,
pero siempre sin falsos pudores ni hipocresía,
por demás, hermosa… hermosa como ala abierta, hermosa como viento que canta.

¡Así es la palabra escrita!
¡Así, desnuda!
¡Así, invencible!
¡Así, libre, sin censura!


Epílogo

Al terminar de escribir, comprendo que la palabra escrita no es solo un registro de lo que pienso o siento: es un espejo del alma, un cielo que se abre dentro de mí y que nunca se agota. Cada letra, cada verso, cada línea me recuerda que la libertad se encuentra en la entrega plena, sin censuras ni expectativas, y que, mientras haya pluma y papel, siempre habrá un espacio donde mi espíritu pueda volar, desnudo, verdadero e invencible en su honestidad.


"En la escritura, el alma encuentra su cielo."


viernes, 7 de febrero de 2025

"ME ENGAÑARON": Un texto reflexivo sobre cómo los miedos aprendidos y los dogmas distorsionan la percepción del mal y nos alejan de la verdadera conciencia interior

Imagen que contiene texto, libro, hombre, persona

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

No hay monstruos en la oscuridad, solo sombras dentro de la conciencia.”


Prólogo

Desde pequeños nos enseñan a mirar el mundo con símbolos heredados: luces que salvan, sombras que condenan. Aprendemos a temer lo externo antes de conocernos por dentro. No es culpa de la fe ni de las creencias, sino de la rigidez con que a veces se transmiten, como si la vida fuera un mapa ya trazado. Este texto nace de esa grieta: del momento en que comprendemos que ninguna doctrina basta si no nos prepara para mirarnos con honestidad y asumir la responsabilidad de nuestros propios pensamientos.


Temía a la oscuridad.
Temía al bajo de la cama, a los senderos solitarios, a las personas raras y de fea presencia.
Temía saliera la bestia roja, con aroma de azufre, dientes afilados, cuernos y cola.

¡Me engañaron!
No me enseñaron que el diablo está dentro de la cabeza, a toda hora, en cualquier lugar, y que luce como un ángel dulcemente perfumado, hablándote de amor, caricias y entrega.
No me enseñaron que es un ladrón que te roba el sueño, la tranquilidad, la cordura… ¡la conciencia!

Me engañaron al hacerme creer que debía cuidarme del mal que rondaba fuera, cuando estaba en mi mente, carcomiéndome la dignidad, el amor propio, la decencia.

No me enseñaron a prepararme para la guerra entre el bien y el mal.
Aprendí a lidiar mis batallas con las únicas armas que me dio el tiempo: derrotas, coraje, lágrimas y fortaleza.

¡Me engañaron!

Una sola cosa fue cierta: el infierno arde en llamas…
¡Nos quemamos en la hoguera!


Epílogo

Con el tiempo entendí que no todo lo que hiere viene de fuera ni todo lo que seduce es bondadoso. El verdadero aprendizaje no fue renunciar a creer, sino dejar de delegar la conciencia. El mal no siempre ruge ni amenaza: a veces susurra, justifica y se disfraza de amor. Y quizá la libertad comienza cuando dejamos de buscar demonios ajenos y empezamos a hacernos cargo de las voces que habitan nuestra mente. Ahí, y solo ahí, empieza la verdadera luz.


“El diablo no tiene cuernos: lleva perfume y sonrisa.”