viernes, 7 de febrero de 2025

"ME ENGAÑARON": Un texto reflexivo sobre cómo los miedos aprendidos y los dogmas distorsionan la percepción del mal y nos alejan de la verdadera conciencia interior

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No hay monstruos en la oscuridad, solo sombras dentro de la conciencia.”


Prólogo

Desde pequeños nos enseñan a mirar el mundo con símbolos heredados: luces que salvan, sombras que condenan. Aprendemos a temer lo externo antes de conocernos por dentro. No es culpa de la fe ni de las creencias, sino de la rigidez con que a veces se transmiten, como si la vida fuera un mapa ya trazado. Este texto nace de esa grieta: del momento en que comprendemos que ninguna doctrina basta si no nos prepara para mirarnos con honestidad y asumir la responsabilidad de nuestros propios pensamientos.


Temía a la oscuridad.
Temía al bajo de la cama, a los senderos solitarios, a las personas raras y de fea presencia.
Temía saliera la bestia roja, con aroma de azufre, dientes afilados, cuernos y cola.

¡Me engañaron!
No me enseñaron que el diablo está dentro de la cabeza, a toda hora, en cualquier lugar, y que luce como un ángel dulcemente perfumado, hablándote de amor, caricias y entrega.
No me enseñaron que es un ladrón que te roba el sueño, la tranquilidad, la cordura… ¡la conciencia!

Me engañaron al hacerme creer que debía cuidarme del mal que rondaba fuera, cuando estaba en mi mente, carcomiéndome la dignidad, el amor propio, la decencia.

No me enseñaron a prepararme para la guerra entre el bien y el mal.
Aprendí a lidiar mis batallas con las únicas armas que me dio el tiempo: derrotas, coraje, lágrimas y fortaleza.

¡Me engañaron!

Una sola cosa fue cierta: el infierno arde en llamas…
¡Nos quemamos en la hoguera!


Epílogo

Con el tiempo entendí que no todo lo que hiere viene de fuera ni todo lo que seduce es bondadoso. El verdadero aprendizaje no fue renunciar a creer, sino dejar de delegar la conciencia. El mal no siempre ruge ni amenaza: a veces susurra, justifica y se disfraza de amor. Y quizá la libertad comienza cuando dejamos de buscar demonios ajenos y empezamos a hacernos cargo de las voces que habitan nuestra mente. Ahí, y solo ahí, empieza la verdadera luz.


“El diablo no tiene cuernos: lleva perfume y sonrisa.” 

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