viernes, 25 de septiembre de 2026

"La casa de los lapiceros": Una divertida y emotiva historia sobre bolígrafos que desaparecen, regresan y terminan convirtiéndose en una excusa para compartir risas, abrazos y momentos especiales.

 

“Hay cosas pequeñas que terminan juntando a las personas.”


PRÓLOGO

A veces, una costumbre aparentemente insignificante termina convirtiéndose en una forma de cariño. Y uno descubre que, detrás de una simple anécdota, había algo mucho más importante ocurriendo.


Cada vez que me siento delante del ordenador ocurre lo mismo:

sonrío.

No puedo evitar mirar lo que tengo enfrente: varias tazas de café con nombres de ciudades extranjeras. Recuerdos de lugares que, de una manera u otra, terminaron acompañándome hasta aquí.

Pero mis tazas no están vacías.

Están llenas de lapiceros, bolígrafos, creyones, resaltadores, marcadores y cuánta parafernalia exista para escribir, dibujar y pintar.

¡Todos son míos!

Bueno… todos menos los bolis.

Los bolis tienen otra historia.

Una casaca blanca debe permanecer blanca. Las manchas de tinta en los bolsillos son inaceptables.

¡Impresentable!

Y sigo sonriendo porque las chicas de los controles ya me conocen.

Cuando tengo que escribir algo, me concentro en la tarea, guardo automáticamente el bolígrafo en mi bolsillo y continúo como si nada. Después olvido por completo de dónde salió.

No lo hago con intención maliciosa.

¡Lo prometo!

Ellas, sin embargo, ya saben cómo funciona mi cerebro con los bolígrafos.

Por eso, cuando me ven llegar, parece que empieza una pequeña escena teatral.

—Ahí viene Ana. ¡Guarden los bolis!

Y todas se levantan rápidamente, metiéndose las manos en los bolsillos para esconderlos, mientras se ríen.

Yo también.

Después extienden los brazos, no solo para entregarme los bolígrafos que algún día vendré a devolver, sino también para darme un abrazo.

Y eso, sinceramente, me gusta mucho más que los bolis.

Son encantadoras.

Mientras sigo delante del ordenador, tecleando, mi cabeza se va a otra escena. Una que todavía no ha ocurrido, pero que sé perfectamente cómo terminará, porque siempre termina igual.

—¡Joder, Ana! ¿Cuánto tiempo conservaste los bolis que vienen de regreso multiplicados?

Y ellas se ríen.

Y yo con ellas.

—No se quejen, que aquí los tienen de vuelta…

Porque los bolígrafos van y vienen.

Desaparecen.

Aparecen.

Se multiplican.

Y, de alguna manera, terminan siendo parte de nuestra pequeña historia.

Hoy por hoy, si bien es cierto que me quedo con los bolis sin intención, también es cierto que le pido a Dios que no me quite esa cleptomanía inconsciente.

No porque quiera quedarme con ellos.

Sino porque, gracias a ellos, pasamos buenos momentos.

Porque todo esto no queda en unos cuantos bolígrafos desaparecidos y vueltos a aparecer. Los bolis se han convertido en una excusa para acercarnos, para reírnos, para compartir unos minutos y, algunas veces, para regalarnos un abrazo.

Son simples y económicos bolis.

Pero los momentos que pasamos por su causa…

¡No tienen precio!

Dejé de teclear.

Miré las tazas.

Metí la mano en una de ellas y fui sacando los bolígrafos.

Había rojos, azules, verdes, negros, amarillos… algunos nuevos, otros mordisqueados, otros con esa tinta que ya casi no escribe pero que uno conserva vaya a saber por qué.

Los junté todos en la mano.

Al moverlos, chocaron unos contra otros con ese pequeño sonido de plástico y metal que hacen los bolígrafos cuando se amontonan.

Tac, tac, tac…

Por un momento me pareció estar escuchando nuestra propia historia: pequeñas cosas que se encuentran, se mezclan, se pierden y vuelven a aparecer.

Los guardé en mi bolso.

Esta vez los devolvería.

Solo que había una diferencia.

Esta vez era consciente.

Intencional.

Y mientras cerraba el bolso, volví a sonreír.

Porque quizá no eran los bolígrafos los que yo había estado coleccionando todo este tiempo.

Eran los momentos.

Y esos sí que no pienso devolverlos.


EPÍLOGO

Quizá por eso algunas cosas que parecen insignificantes terminan ocupando un lugar especial. No por lo que son, sino por todo lo que ocurre alrededor de ellas.


“No todo lo que llevamos en el bolso pesa.”


Publicación en la plataforma de TikTok. Cuenta @escritosenblancoynegro : @tintasobrepapel


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