“Mantra para recordar tu origen”
Recuerda de dónde vienes y no permitas que nadie reduzca lo
que eres.
Repítelo conmigo, despacio, hasta que tus ojos se cansen de leerlo y tu alma, al fin, lo reconozca como verdad: Eres obra del Creador y solo Él tiene poder sobre ti.
“Mantra”
Soy obra del Creador.
No nací del descuido ni del azar: fui pensada, tejida con
paciencia divina.
En mis huesos duerme el polvo remoto de las estrellas,
que los cielos dispersaron antes de que existiera la
memoria.
Si acerco el silencio a mi pecho puedo sentirlo:
una claridad diminuta latiendo bajo la piel,
como brasas suaves que recuerdan su origen.
Pero también me habita la profundidad del universo.
Una noche vasta, respirando en lo más hondo de mi ser.
No es una oscuridad enemiga,
es la matriz donde germina la vida,
el océano oscuro donde las constelaciones aprenden a
encenderse.
Luz y sombra me dibujan.
Luz y sombra me sostienen.
Soy claridad que resplandece,
y soy penumbra que abraza.
Y en medio de ambas, el Creador depositó en mí el amor.
Un amor que no grita,
que no invade,
que no se impone,
que no maltrata.
Un amor que se desliza como miel tibia por la garganta del
alma
y en su dulzura vuelve sagradas las heridas.
Con ese amor ensancho la luz de las estrellas que me
habitan.
Con ese amor mi espíritu se estira más allá de las
distancias,
más allá de lo visible,
más allá del miedo.
Con ese mismo amor camino entre las sombras sin perderme.
Porque el amor alumbra las penumbras
y vuelve dóciles a las tinieblas.
Fui creada completa.
No soy un fragmento perdido esperando permiso para existir.
No soy un borrador.
Soy una obra entera.
Mi fuerza no nace de la mirada ajena,
ni del juicio del mundo,
ni de la aprobación que se concede o se retira como si fuera
un pan escaso.
Mi fuerza viene del Creador.
Del mismo soplo que encendió galaxias
y sembró vida en la materia dormida.
Por eso no cedo mi tamaño.
No entrego mi forma.
No concedo poder a nadie que pretenda achicarme,
encoger mi espíritu,
recortar mis bordes
o dispersarme en pedazos.
Yo sé de dónde vengo.
Camino por la vida con la piel abierta al asombro,
dejando que la luz acaricie mis días
y que la sombra repose en mis noches como un manto
tranquilo.
Nada en mí está fuera de su lugar.
Nada en mí es error.
Y cuando llegue el momento,
volveré al Creador.
No rota.
No incompleta.
No perdida.
Volveré entera.
Como una estrella que regresa a la noche infinita
de donde una vez
fue amorosamente encendida.
“Lo que el Creador hizo entero, nadie en la tierra
tiene poder para disminuirlo”
Nota: publicación en la plataforma de TikTok : cuenta @escritosenblancoynegro; @tintasobrepapel
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