“Todo lo que llamo mundo comienza en la forma en que lo siento.”
Prólogo
Hay momentos en los que uno deja de preguntarse qué es
la realidad y comienza a preguntarse cómo la está viviendo. Este texto nace de
esa inquietud íntima. No pretende explicar el mundo ni ofrecer respuestas
definitivas. Es, más bien, una exploración sensible del punto exacto donde lo
exterior toca lo interior y algo se transforma. Es una confesión sobre la
percepción, sobre la atención, sobre el misterio de sentir. Aquí no se define
lo real: se habita.
La realidad no es un concepto, ni un tiempo, ni un lugar.
Es una sensación que me atraviesa.
A veces creo que el mundo no existe hasta que lo miro.
Si el cielo se nubla,
algo en mi pecho también se cubre.
Si el sol quema,
una claridad secreta me incendia por dentro.
Las calles no son calles:
son latidos.
Los rostros no son rostros:
son espejos que me revelan.
La distancia entre dos cuerpos
puede ser más vasta que el universo
cuando el alma retrocede.
El mundo no pasa frente a mí.
Me sucede.
Pero al cerrar los ojos, comienza otra geografía.
Hay pensamientos que caen como relámpagos.
Emociones que suben como mareas.
Habitaciones interiores donde guardo el miedo.
Ventanas abiertas al deseo.
Un silencio que respira conmigo.
Cuando miro hacia dentro también encuentro clima, espacio, multitud.
Vivo en esa doble dirección:
afuera y adentro.
Y en cada giro cambio.
Si sostengo una mirada ajena me vuelvo transparente.
Si sostengo un recuerdo me vuelvo abismo.
Si enfoco mi atención en una herida:
todo duele, sangra.
Si la pongo en la belleza el mundo florece.
Entiendo lo sencillo y vertiginoso:
la realidad depende del lugar donde deposito mi atención.
No es que el mundo cambie.
Cambio yo al percibirlo.
Cuando alguien pronuncia mi nombre y mi piel responde,
¿Dónde ocurre lo real?
¿En el sonido que vibra afuera
o en el latido que despierta adentro?
Tal vez no exista frontera.
Tal vez lo exterior sea una puerta
y lo interior, la habitación que se ilumina.
Soy el punto donde el universo se reconoce.
El puente entre lo visible y lo sentido.
El instante en que un hecho se vuelve emoción.
No quiero definir la realidad.
Quiero sentirla.
Quiero habitar ese temblor
donde el mundo me toca
y yo lo toco de vuelta.
Quizá la verdad no esté en las cosas
ni en mis pensamientos,
sino en el acto mismo de mirar.
Y cuando miro, nazco, me transformo.
Porque al final no se trata de saber qué es real,
sino de descubrir quién soy cada vez
que el mundo me atraviesa.
Epílogo
Tal vez nunca sepamos con certeza qué es la realidad
en términos absolutos. Pero sí podemos observar cómo nos modifica, cómo nos
revela, cómo nos moldea silenciosamente. Si algo queda después de estas
palabras, que sea una invitación: mirar con conciencia, sentir con profundidad,
reconocer que cada percepción es también una creación. Porque en el instante en
que atendemos, participamos. Y en ese acto, el mundo y nosotros dejamos de
estar separados.
“Y quizás la realidad no sea lo que existe, sino lo que en mí despierta.”
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