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sábado, 1 de marzo de 2025

"Tengo ganas de ti": Un texto íntimo y poético sobre el amor no dicho, el deseo silencioso y la emoción que se vive sin explicación. Para quienes han amado sin poder nombrarlo.

 

“Un texto para quienes han amado sin poder nombrarlo.”


Prólogo

Antes de nombrarlo, el amor ya ha pasado por nosotros.
Se instala en los silencios, en lo que no decimos, en lo que apenas nos atrevemos a pensar.
Este texto no busca definirlo, sino escucharlo.
Es una voz baja, casi un susurro, para quienes han sentido sin saber cómo llamarlo.


Hace tiempo que te pienso.
Has ocupado mis horas y mis silencios. Me has robado el presente.

Cuando apareces, todo se suspende: creas un tiempo que no figura en los relojes, una mezcla de un ayer que aún respira y de un mañana que apenas se sueña.
Un tiempo fuera del tiempo. Inexistente. Intangible. Irreal.

No me hablas, pero te escucho.
No me tocas, y aun así te siento.
Todo de ti me estremece… solo con pensarte.

Me siento ante el ordenador y dejo reposar los dedos sobre el teclado.
De fondo suena una canción que murmura “... hoy tengo ganas de ti…” —dice una voz que no es mía y, sin embargo, siento que me la arranca del pecho.

Mis manos permanecen quietas, como si el teclado temiera repetir lo que el mundo ya sabe: que el amor duele, que el amor salva, que el amor se disfraza de eternidad para morir cada noche.
Y aun, con ese temor, sigue esperando el roce de mis manos, como mi piel espera el de las tuyas.

Las palabras que quería escribir ya flotaban en el aire, como pájaros cansados que necesitan posarse en el papel y escribir las notas que toca un piano enamorado.

¿Pretendía, acaso, escribir sobre el amor?
Todo está dicho.
Cada palabra que intente escribir tiene siglos de haberse pronunciado.
Nada nuevo que decir.

Quisiera que las emociones que me desbordan se transformaran en trazos sobre el papel, como un código secreto que solo yo conozca, que solo yo puedo descifrar. Pero no sucede.
¡Qué pretensión la mía!

Cierro los ojos, sonrío.
Esa sonrisa que solo aparece cuando imagino tu boca cerca de la mía, tus palabras que me acarician y tu voz arrullándome.

Se fue la inspiración, llegó la lucidez.
Y comprendí: ese es el misterio del amor.
Añejo como el tiempo, pero nuevo cada vez que vibra en alguien, cada vez que roza una piel.

¿Qué más podría decir del amor?
O debo reformular la pregunta, no para expresar algo que el mundo no ignore, sino para que se escuche desde mi propia voz, entre la multitud de voces de un coro eterno.

¿Alguna vez te sorprendió la lluvia —en un día soleado— mientras estabas dentro del mar?
¡Pues eso!
Así siento yo el amor: algo que no buscas, que no esperas. Llega de sorpresa, convirtiendo lo ordinario en algo extraordinario. En algo exclusivo.

Las gotas dulces caen sobre el agua salada. Estallan al tocarla. Se funden al penetrarla.
Agua con agua.
Contraste de temperatura.
Fuerza con resistencia.
Fusión.

¿Qué sientes entonces?
Tal vez miedo.
El impulso de huir.
Pero te quedas un instante más —te dices—, y te anclas en él anhelando que se haga eterno.

Flotas, temiendo hundirte, y al mismo tiempo deseando sumergirte.
La orilla está ahí, segura, cercana, pero algo dentro de ti se deja arrastrar por la corriente.
Te dejas llevar, atraído por una energía que no se nombra, pero se siente.
Una aventura en busca de un tesoro, ¿tal vez?

Y entiendes que no hay salvación posible: el amor también es eso.
Una entrega temerosa y luminosa, una corriente que te arrastra y te sostiene, que te impulsa y te contiene.

Es indescriptible: esa mezcla de temor y entrega, de exaltación y calma…
Eso puede que sea el amor.
Una energía que cambia de rostro, un campo cuántico donde todos los latidos se reconocen, donde ninguna historia es nueva, pero todas son únicas cuando alguien se atreve a sentirla.

Quizás el amor no se define.

No se explica ni se escribe.
Se respira. Se intuye. Se calla.
Solo se vive, como la lluvia cayendo sobre el mar.

Y mientras la canción repite su estribillo —tengo ganas de ti, tengo ganas de ti— descubro que también el amor tiene ganas de mí.


Epílogo

Tal vez mañana el amor cambie de forma, de nombre o de ausencia.
Pero hoy dejó su huella: una vibración suave, persistente, imposible de negar.
No pidió ser entendido, solo vivido.
Y eso —quizás— sea suficiente.


“El amor: la misma historia contada con otra voz, en otro tono, sentido en otra piel.”


sábado, 1 de febrero de 2025

"EXTRAÑO", un viaje a la nostalgia, el amor no vivido y los sentimientos que nunca se dijeron.

 

“La nostalgia tiene olor, tacto y sabor… y se llama ‘tú’.”


Prólogo
Hay recuerdos que no pertenecen al pasado sino a la imaginación. Historias que crecieron en las miradas sostenidas, en las palabras que nunca se dijeron y en todo lo que pudo haber sido. La nostalgia nace ahí, en ese territorio incierto donde el deseo y el silencio conviven. Este texto habla de esa ausencia llena, de amar sin haber llegado a tener, y de cómo a veces lo no vivido deja una huella más profunda que cualquier despedida.


Aparecías de repente.
Tus miradas, tus sonrisas... me estremecías.
Mi corazón golpeaba el pecho como loco,
mi respiración se agitaba. Lo sabías. Te sonreías.

¡Extraño verte! ¡Extraño todo eso!

Te veía... no te miraba,
temiendo que mi silencio gritara
las palabras atragantadas.
No quería delatarme,
¡como si eso fuese posible!
Lo sabías. Te sonreías...

Extraño las conversaciones que nunca tuvimos,
las llamadas que nunca hicimos,
los mensajes que jamás escribimos.
¡Extraño todo eso que nunca nos dijimos!

Extraño el olor de tu piel,
y su roce con la mía.
Extraño tu barbilla
clavada en mi garganta al besarme,
al morderme, al encajar.
¡Extraño todo eso que no llegamos a sentir!

Extraño esa extraña historia de nosotros,
mientras nos pensábamos.
¡Dolía!

¿Sabes qué más extraño?
Esa época de mi vida en que, sin conocerte,
soñaba con una historia de amor
sin tantos "extraño".


Epílogo
Con el tiempo se entiende que no todo amor está hecho para suceder. Algunos existen solo para enseñarnos cómo late el corazón cuando imagina. Y aunque la nostalgia regrese de vez en cuando, ya no duele igual: se vuelve memoria suave, un eco que recuerda quién fuimos cuando todavía creíamos en lo posible.


“A veces se extraña más lo que nunca se tuvo que lo que se perdió.” 


jueves, 25 de julio de 2024

"COMO NIÑO CHIQUITO": Un poema íntimo sobre el amor prohibido, la inocencia del deseo y las miradas que dicen lo que el alma calla. Poesía emocional y profunda.

“Un poema que desnuda la inocencia traviesa del amor prohibido.”


Introducción: Donde las almas se rozan sin tocarse

He aprendido que hay amores que no se tocan, pero se sienten como si ardieran en la piel.

Que hay miradas capaces de recorrer distancias que los cuerpos no se atreven a cruzar.

A veces el destino pone frente a nosotros a alguien que desordena la calma, que despierta lo que dormía, y nos deja jugando con la tentación como un niño que no entiende las reglas, pero las disfruta.

Y ahí, entre el silencio y la sonrisa, entre lo que se dice con los ojos y se calla con el alma, se esconde ese amor prohibido: puro en su deseo, inocente en su falta. Y entre el deseo y la inocencia… me quedé contigo.

Porque cuando el alma reconoce a otra, no pregunta si puede… solo se inclina, la roza, y vuelve a su lugar.

Y uno se queda así, entre el impulso y la renuncia, amando en secreto, sintiendo en voz baja, como un niño chiquito que no sabe portarse bien.


Poema: Como niño chiquito

Como niño chiquito,
juegas a no crecer, y también juegas... ¡no sé a qué!
Como niño malcriado, alborotas todo,
quebrantas el orden y tambaleas la fe... ¡no sé por qué!
Te apartas callado,
y en tu silencio gritas lo que finges no querer,
cuando se asoma la mujer,
aquella... ¡por la que no te portas bien!


Epílogo: El resonar de lo que nunca fue

A veces me pregunto qué habría pasado si el deseo hubiera ganado la partida,
si la prudencia no hubiese puesto límites,
si las manos hubieran seguido el impulso de las miradas.

Pero tal vez, en su imposibilidad, este amor encontró su pureza.
Porque lo prohibido, cuando nace del alma, no necesita cumplirse para existir.
Basta una mirada, una pausa, una sonrisa que no se entrega del todo,
para que el corazón entienda que amó, aunque nunca lo diga

Y así me quedo, con tu ausencia tibia y tu presencia latente,
jugando todavía con lo que no fue,
como un niño chiquito que no sabe olvidar.

“Nos bastó mirarnos… para saber que ya era imposible.”