"Las preguntas de un niño a veces son como puertas que se abren hacia mundos enteros."
Prólogo
“Antes de que las preguntas encuentren respuestas,
existe un instante puro donde todo es asombro. Allí habita la mirada de un
niño, capaz de transformar lo cotidiano en misterio y lo desconocido en un
universo por descubrir.
Este relato nace de ese instante: de la curiosidad que no juzga, de la escucha
que une, y del latido invisible que conecta culturas, creencias y silencios.
Porque a veces, entender el mundo no empieza con certezas, sino con una simple
pregunta.”
En el aula, un aire tibio de tiza y papel mezclado con risas
multicolores llenaba la habitación. Niños de todos los rincones del mundo
intercambiaban palabras que olían a tierras lejanas. Mateo, con sus ojos
grandes y curiosos, levantó la mano y preguntó:
—Señorita… ¿Qué son estas vacaciones? ¿Por qué la gente en
la calle lleva túnicas, cruces y vestidos que parecen de fiesta?
La maestra sonrió, y su voz bajita se deslizó como un hilo
de luz cálida:
—Es la Semana Santa, Mateo. Para algunos, es un tiempo de
recordar la historia de Jesús; para otros, un momento de reflexión y descanso.
Pero más allá de eso, es como un cuadro que cobra vida en la ciudad. Cada
desfile, cada cruz que se arrastra, cada vela encendida, tiene un color, un
olor y un ritmo que cuentan historias.
Los niños inclinaron la cabeza, imaginando.
—Miren —continuó—, la calle se convierte en un río de pasos
lentos, incienso que flota como nube suave, tambores que laten como corazones,
y colores que saltan de las túnicas, brillantes y silenciosos a la vez. Algunos
caminan con solemnidad, otros con el brillo en los ojos de la tradición
familiar. Todo tiene un sentido, aunque no lo veamos de la misma manera.
Mateo respiró hondo, como si quisiera guardar el aroma del
incienso y el roce de las telas en la memoria.
—¿Entonces no es una fiesta como las demás? —preguntó, con
la voz apenas un susurro.
—No, cariño —dijo la maestra—. Es un tiempo para mirar,
escuchar y sentir. Cada familia lo vive diferente: unos rezan, otros caminan en
silencio, y algunos simplemente se abrazan y recuerdan lo importante: la bondad
y la compañía.
Los niños compartieron sus propias historias: Sara recordó
la Pascua judía con sus panes redondos y dulces; Linh evocó los pétalos de
flores de Año Nuevo en Vietnam; Diego describió las danzas coloridas que
contaban viejas leyendas en México. Cada relato se mezclaba con el aroma de la
tiza y el murmullo de la lluvia que golpeaba suavemente los cristales.
—¿Ven? —susurró la maestra—. Cada fe tiene su música, sus
colores, sus pasos. Escuchar y respetar es el primer paso para entender los
libros de todos los corazones. Y si algún día decides acercarte a estas
historias, será porque comprendes su sentido, no por obligación.
Mateo cerró los ojos un instante, sintiendo que la ciudad se
convertía en un gran libro vivo: túnicas que rozaban sus dedos, tambores que
latían dentro de su pecho, velas que olían a madera y cera tibia. Y comprendió
que la Semana Santa era más que una celebración: era un río de historias
compartidas, diversas y respetadas.
Epílogo
“Cuando las voces se apagan y la tiza descansa, quedan
flotando en el aire las historias compartidas. Cada niño guarda en su interior
un pequeño mapa hecho de colores, sonidos y memorias ajenas que ahora también
son suyas.
Y así, en la quietud, germina algo esencial: la certeza de que comprender no
siempre es saber, sino sentir con respeto los caminos de otros. Quizás, al
final, crecer sea aprender a escuchar el mundo como si fuera un susurro
sagrado.”
"Respetar los pasos, los colores y los silencios
de otros corazones es aprender a leer el mundo con los ojos del alma."
Nota: publicación en la plataforma de TikTok ; cuenta escritosenblancoynegro: @tintasobrepapel
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