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viernes, 18 de septiembre de 2026

"La cara de la verdad": Una reflexión sobre los recuerdos, las emociones y las distintas versiones que construimos de un mismo acontecimiento. Una historia familiar con humor y ternura..

 

“A veces, la verdad tiene varias caras.”


Prólogo

Hay momentos pequeños que terminan dejándonos una gran lección. Este nació de un susto doméstico y acabó mostrando algo que ocurre mucho más de lo que imaginamos: cada persona guarda una versión distinta de lo que pasó.


Dicen que con el tiempo uno se vuelve más sabio. Y yo, que soy una alumna renuente, solo he aprendido que:

La vida es efímera.

La vida es lo que sentimos.

La vida hay que vivirla amando,
solo amando.

Y que los recuerdos no son testimonio de algo que ha sucedido, sino la historia que escribe nuestra mente con las manos del corazón. Con su gramática de emoción e intención.

 Por ello, quizá, cuando relatamos una historia que hemos vivido con otras personas, nuestras versiones no coinciden en su totalidad.

Aquella tarde estaba fresca, y después del almuerzo, nos invitó a la pereza. Así que todos decidimos echar una buena siesta: nosotros, en la habitación, y la niña, acurrucada junto a la abuela, en el sofá.

 Al despertar, fuimos directamente al encuentro de ellas.

Pero no había un “ellas”.

Solo la abuela.
La niña no estaba.
Eso fue lo que sucedió.

 “Sin despertarla para no asustarla, empezamos a buscarla con todo afán. Al encontrar la puerta abierta de la terraza, por mi mente pasaron todos los escenarios posibles de una desgracia.

Mientras ella entró en pánico, yo fui a buscarla al exterior, bajo cada piedra, en cada rincón…, y ella seguía gritando su nombre con toda desesperación, sin dar un paso para buscarla. Solo suplicando que apareciera de la nada —versión del padre—.”

“No se despertó a la abuela para que no se angustiara inútilmente. Sabía que la niña estaría por allí metida, cerca, curioseando algo. Era una niña tranquila, acostumbrada a ir de la mano de su abuela o de algún adulto que la guiara y acompañara. No había nada que temer. Empecé a llamarla por su nombre, para que saliera de donde estaba, pidiéndole a Dios que lo hiciera rápido y se acabara la angustia del padre, que daba por hecho lo peor —versión mía—.”

 “Nos despertaron, interrumpiendo nuestra placentera siesta. ¿Cuál era la gritería? ¡Qué manera de despertarnos! Fue una desconsideración. No sé por qué no la buscaron donde la dejaron… ¡Qué poca confianza tuvieron en mí! ¡Vaya tontería! —versión de la abuela—.”

 Y sí, todas las versiones son verdaderas.

Un mismo hecho contado desde miradas diferentes. Cada uno contó cómo vivió, cómo sintió —desde sus emociones— el momento.

 ¿Y la niña? Se preguntarán ustedes.

La niña estaba acurrucada al costado de la abuela, casi incrustada en el sillón.

La abuela apartó su mantilla, develando la presencia de la criatura. Tenía en el rostro una expresión de pícara ternura, como de quien se considera triunfadora en un juego de “escondidas”.

 ¿Y la abuela?

Con cara de enojada por tanto barullo por nada. Sonrío al recordarla.

 Al final, nos miramos las caras y terminamos riéndonos. Porque es imposible que cada quien no relate su vida a su manera: para uno será un drama, para otro una comedia, para aquel una serie de suspenso y, para mí, ya ustedes saben…, una novela romántica.

 Cada uno cuenta la historia como la siente. Y yo, además, como me gusta.


Epílogo

Quizá por eso, cuando creemos recordar, también estamos creando. Y en esa creación caben el miedo, la ternura, la exageración y hasta una buena dosis de humor.


“Tal vez recordar también sea una forma de reescribir la vida.”


Publicación en la plataforma de TikTok. Cuenta @escritosenblancoynegro : @tintasobrepapel