“A veces, la verdad tiene varias caras.”
Prólogo
Hay momentos pequeños que
terminan dejándonos una gran lección. Este nació de un susto doméstico y acabó
mostrando algo que ocurre mucho más de lo que imaginamos: cada persona guarda
una versión distinta de lo que pasó.
Dicen que con el tiempo uno se
vuelve más sabio. Y yo, que soy una alumna renuente, solo he aprendido que:
La vida es efímera.
La vida es lo que sentimos.
La vida hay que vivirla amando,
solo amando.
Y que los recuerdos no son
testimonio de algo que ha sucedido, sino la historia que escribe nuestra mente
con las manos del corazón. Con su gramática de emoción e intención.
Aquella tarde estaba fresca, y
después del almuerzo, nos invitó a la pereza. Así que todos decidimos echar una
buena siesta: nosotros, en la habitación, y la niña, acurrucada junto a la
abuela, en el sofá.
Pero no había un “ellas”.
Solo la abuela.
La niña no estaba.
Eso fue lo que sucedió.
Mientras ella entró en pánico, yo fui a buscarla al exterior, bajo cada piedra,
en cada rincón…, y ella seguía gritando su nombre con toda desesperación, sin
dar un paso para buscarla. Solo suplicando que apareciera de la nada —versión
del padre—.”
“No se despertó a la abuela para
que no se angustiara inútilmente. Sabía que la niña estaría por allí metida,
cerca, curioseando algo. Era una niña tranquila, acostumbrada a ir de la mano
de su abuela o de algún adulto que la guiara y acompañara. No había nada que
temer. Empecé a llamarla por su nombre, para que saliera de donde estaba,
pidiéndole a Dios que lo hiciera rápido y se acabara la angustia del padre, que
daba por hecho lo peor —versión mía—.”
Un mismo hecho contado desde miradas diferentes. Cada uno contó cómo vivió,
cómo sintió —desde sus emociones— el momento.
La niña estaba acurrucada al costado de la abuela, casi incrustada en el
sillón.
La abuela apartó su mantilla,
develando la presencia de la criatura. Tenía en el rostro una expresión de
pícara ternura, como de quien se considera triunfadora en un juego de
“escondidas”.
Con cara de enojada por tanto barullo por nada. Sonrío al recordarla.
Epílogo
Quizá por eso, cuando creemos recordar, también estamos creando. Y en esa
creación caben el miedo, la ternura, la exageración y hasta una buena dosis de
humor.
“Tal vez recordar también
sea una forma de reescribir la vida.”