sábado, 5 de junio de 2010

"Posición de resguardo": texto y poesía íntima sobre el duelo, la autoprotección y el silencio

“Una historia sobre el amor más difícil: el amor propio.”

Posición de resguardo es un texto poético e íntimo que explora el duelo emocional, la vulnerabilidad y el acto de proteger el propio corazón tras la herida. Un texto lírico y corporal sobre aprender a elegirse, escrita desde el silencio, el cuidado y la sanación interior.


Prólogo
Hay un momento después de la herida en el que todo se vuelve lento. La luz pesa, el silencio habla y el cuerpo busca un lugar donde no tenga que fingir fuerza. Este texto nace de ese instante frágil, donde amar deja de significar resistir para convertirse en cuidar lo que queda de uno. No es un relato de salvación, sino de intimidad: la de quien recoge sus propios pedazos y descubre que aún laten. Porque a veces el acto más romántico es no abandonarse.


Despierta despacio, como si la mañana aún no supiera pronunciar su nombre. La luz entra con suavidad, pero su piel recuerda otros días y se estremece. Respira, y el aire sabe a sal, a lágrimas secas, a todo lo que dolió demasiado tiempo.

El cuerpo busca refugio antes que respuestas. Las sábanas guardan el calor de la noche, ese lugar donde rendirse no significa perder, sino descansar del peso de sentirse rota. Se recoge sobre sí misma, y en esa forma pequeña el mundo queda lejos. Solo permanece el latido, insistente, vulnerable, vivo.

Llora sin prisa. Las lágrimas caen como lluvia tibia, limpiando lo que ya no puede sostener. Nadie mira. Nadie interrumpe. Y por primera vez el dolor no es enemigo, sino una voz baja que pide cuidado.

Se abraza. No para esconderse, sino para sostenerse. El corazón tiembla, y ella le habla en silencio, con una ternura nueva: quédate, aquí estás a salvo. Afuera todo continúa, pero dentro algo cede, apenas un nudo que aprende a aflojar.

El aire entra más hondo. El silencio deja de pesar y se sienta a su lado como una compañía tranquila. La luz ya no hiere; acaricia. No exige futuro, solo presencia.

Entonces comprende que protegerse también es amar sin encerrar. Dejar espacio entre una herida y la siguiente respiración. El miedo no desaparece, pero pierde su filo. Y en ese instante sencillo descubre que quedarse consigo —aun temblando— es una forma de volver a la vida.

Permanece un poco más, sintiendo cómo el pecho se abre despacio. No hay promesas ni finales perfectos, solo un cuaderno abierto y la certeza de que escribir ya no es defensa, sino latido.


Epílogo
El dolor no desaparece; cambia de forma. Se vuelve memoria, respiración más suave, espacio habitable. Y un día, sin darse cuenta, el corazón deja de defenderse y empieza a abrir las ventanas. No para olvidar, sino para dejar entrar el aire sin miedo. Entonces elegirse ya no pesa: se parece a la calma.


“Elegirse, incluso temblando, también es una forma de amor… ¡amarse a sí mismo!”

Poema:

Abro los ojos.
La luz duele.
Los cierro otra vez
porque he llorado demasiado.

Me siento.
Me levanto.
El desgano me vence
y regreso a la cama,
al lugar donde el cuerpo
todavía puede rendirse.

Cierro los ojos.
Las lágrimas caen solas.
Mi cabello cubre el rostro:
mejor así,
que nadie vea el rojo
sobre la piel blanca.

Recojo las rodillas,
doblo el cuerpo,
me enlazo con los brazos.
Me hago nudo.
Fuerte.
Imposible de desatar.

Contengo el aliento.
Que se haga el silencio.
Que el corazón escuche
lo que voy a decirle.

—Quédate quieto.
Hoy yo te protejo.
Nadie volverá a robarte.

Serás un punto negro
haciendo líneas
en páginas en blanco.
Y así,
como cuaderno vacío,
te guardaré. Para que no duela. No pese.

¡Para que aprendas una nueva forma de querer!


Nota: publicación en la plataforma de Tiktok, cuenta: escritosenblancoynegro:  @tintasobrepapel

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